Policías se convierten en ángeles de la guarda para los infantes que son abandonados
Cuenca. “Ángel de la guarda mi dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día…”. Nunca antes esta oración tuvo tanto significado para un pequeño, como para aquellos que son rescatados tras ser abandonados por sus progenitores y reciben la atención de los agentes de la Dirección Nacional de Policía Especializada para Niños, Niñas y Adolescentes (Dinapen).
El pasado fin de semana, la noticia del abandono de un bebé de aproximadamente un mes de nacido conmovió a los cuencanos, al igual que la actitud asumida por los agentes de la Dinapen, quienes inmediatamente se movilizaron para brindar la asistencia necesaria al pequeño que fue llevado a un hogar infantil.
Desde ese instante, dos policías se convirtieron en sus ángeles de la guarda, el sargento Freddy Cueva y la cabo María Arias, quienes han estado pendientes de este menor de edad, así como de todos aquellos que por uno u otro motivo son llevados a los hogares infantiles.
Emociones
Estos dos agentes son padres de familia y, más allá de su deber como policías, este trabajo les ha generado una serie de emociones encontradas, ya que coinciden que es muy difícil dejar a un lado los sentimientos de dolor cuando encuentran un bebé abandonado o en situación de riesgo.
“Un hijo es una bendición de Dios, si somos madres es para protegerlos con nuestra propia vida, por ello se me hace tan difícil entender cuáles son las circunstancias que llevan a una mujer a abandonar lo que más se quiere en el mundo. Nosotros no juzgamos este hecho, pero tampoco lo comprendemos”, indicó Arias.
El instinto materno de Arias es evidente. Durante su visita al hogar infantil Tadeo Torres, encuentra al pequeño, no deja de observarlo y apenas tiene la oportunidad lo carga en sus brazos y le demuestra su cariño con caricias y gestos, a los que el bebé responde con agrado.
“Es precioso, muy despierto y le gusta que le hagan mimos, siempre que tenemos la oportunidad de visitar el hogar aprovechamos para verlo, no solo a él, sino a otros bebés y niños a los que hemos asistido en meses anteriores”, comentó Arias.
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Compromiso
Para el sargento Cueva el sentimiento es similar, pero por su naturaleza se muestra menos emocionado que su compañera. “Soy padre y me gustan los niños, cuando me lo entregaron aquella mañana, mi corazón se estrujó… por momentos uno ve a sus hijos en su rostro y varias cosas pasan por la cabeza”, comentó.
“Llevo 10 años en al Dinapen y he pasado por varios casos similares, cada uno tiene su particularidad y en todos uno deja parte de su corazón. Por eso hacemos todo lo posible por buscar a los padres o a los familiares de estos niños, ya que lo mejor es que regresen junto a sus familia”, señaló Cueva.
Los agentes coinciden en señalar que hacen lo posible por no crear un vínculo con los niños. “No somos sus ángeles ni protectores, solo tratamos de que nuestro trabajo siempre esté orientado a su beneficio, uno es pasajero en cada ciudad, mientras que ellos permanecerán en la misma hasta que se defina su futuro”, indicó Arias.
Tras la visita el hogar, los agentes se despiden del bebé con la alegría de saber que está en buenas manos y con el compromiso de entregar hasta su último esfuerzo para intentar localizar a sus familiares y garantizar su seguridad, ya que como reza la oración, ellos no los abandonan ni de noche ni de día. Redacción M. N. /Azuay.
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