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Diego Mejía es el comandante de la Seguridad Ciudadana y el bienestar policial

Quito.- Cayambeño. De la leva del 59. Cáncer. Hijo de migrante, padre de tres hijos y abuelo de una niña. General Inspector y desde el 21 de septiembre, comandante de 44.500 policías. Diego Mejía Valencia es un amante de la lealtad pero, sobre todo, de la solidaridad. Así lo expresó en su discurso de posesión en la Escuela Superior de la Policía Alberto Enríquez Gallo.

Allí señaló que uno de sus objetivos será trabajar por el bienestar de los miembros del orden, sobre todo, por los policías que han sido excluidos. “Quiero que los policías vivan dignamente para que puedan rendir en su trabajo y los haremos a través de la trilogía institucional: bienestar social, Dirección de Salud e Isspol”.

Es que para llegar a general tuvo que primero pasar por todas las experiencias de todo oficial, buenas, malas y tristes. Luego de ascender de grado, al principio de su carrera llegó como jefe del destacamento en Santa Rosa, El Oro. Pero su sorpresa fue mayor cuando el dormitorio del oficial era un pequeño cuarto con cama de cemento, un fino colchón y tres clavos como armario para poner el uniforme.

Primeras experiencias

Los policías y clases preferían dormir en las celdas cuando no había detenidos porque en sus dormitorios no había mucha ventilación y el calor era asfixiante. Esa era la realidad de la Policía Nacional de hace 30 años. “Ahora hemos cambiado mucho y gracias al Gobierno Nacional y al Ministerio del Interior se transformó esa realidad, pero falta por hacer y en eso nos hemos comprometido”.

Mejía ingresó a la noble Institución después de estudiar Derecho en el año de 1979. Fue parte de la guardia de honor del expresidente Jaime Roldós Aguilera. Uno de sus primeros pases fue a Guayaquil para ser parte del Grupo Motorizado de Servicio Urbano. Allí vivió sus primeras vivencias con el crimen organizado.

Hubo un enfrentamiento con los delincuentes en el que participó; una bala hirió al “body” que estaba a su lado. Entonces el dilema fue seguir con la balacera o rescatar a su compañero caído. Escogió la segunda opción y, junto con otros agentes, salvaron la vida del motorizado herido. Al final llegaron refuerzos y la banda fue desarticulada.

A pesar de que su anhelo siempre fue llegar a lo más alto en los grados policiales, también tuvo que pasar derrotas como perder algunas materias en la universidad. Sus padres lo enviaron a trabajar pero fue ahí cuando un gran amigo, Leónidas Egas (+), cadete en ese entonces, le dijo que ingrese a la Policía y así fue. A partir de ese momento, su vida cambió por completo.

Familia

Es que quien ama lo que hace está benditamente condenado al éxito, que, en un 80 % está cimentado en la ayuda de su esposa y sus hijos. “Mi esposa ha sido padre y madre para mis hijos, porque la vida policial no es fácil, pero ella estuvo siempre ahí y en mi discurso de posesión a ellos les agradecí todo su sacrificio”.

Las intensas jornadas policiales no le han permitido estar en fechas importantes con sus hijos o su esposa, pero cuando está con ellos también se convierte en un gran estratega y les regala el 100 % de su tiempo. “Cuando me retire, les dije a mis hijos que compartiré las tres comidas y seré su chofer oficial”.

Proyecto de vida

Mejía tiene una conversación fluida y sencilla. No tiene poses y siempre mira a los ojos cuando tiene que decir su verdad. Una de ellas es preocuparse por la vivienda fiscal para los policías. Tiene en mente un proyecto en el que se pueda hipotecar la cesantía de los policías salientes, para que puedan tener una casa propia, la idea es que con la cesantía ganada, esta pueda ser utilizada para adquirir una vivienda, eso está en análisis”.

Cuando fue subsecretario de Policía, analizó que cerca de 4 mil policías salieron al extranjero en los últimos años, para especializarse. “He dado la disposición de que a nivel de subzonas, sus comandantes elijan una terna de los mejores policías para que estos salgan al extranjero a especializarse y que todos tengan una motivación para salir fuera del país”.

En los 36 años que ha pertenecido a la Policía Nacional, Mejía se desempeñó como jefe del Servicio de Tránsito de Chimborazo y de la Unidad de Delitos Aduaneros y Tributarios, de la Dirección Nacional de la Policía Judicial; comandante Provincial de Sucumbíos, subdirector General de Logística y director General de Inteligencia; además gracias a su desempeño profesional, fue designado agregado de Policía en Estados Unidos, y hace poco se desempeñaba como subsecretario de Policía.

Lo que le ha dejado esa experiencia ha sido tener valor para no huir a las dificultades. “No huyo a los problemas, siempre los enfrento, eso es tener valor”. Tengo disciplina, para que me permita mantener el control de una Institución jerarquizada, y lealtad conmigo mismo, con la Patria, con la entidad policial, con la ciudadanía, eso me ha dejado la Policía Nacional”.

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Policía amigo de policías

Ser nombrado comandante de la Policía no le ha cambiado su perspectiva de vida. “Detrás de este uniforme hay un hombre sencillo, humilde, con valores y que le gusta el deporte”. Es hincha del Deportivo Quito, de la Virgen de Guadalupe; del buen vóley, deporte que practica en la Armenia o en algún cuartel donde se concentre.

Siempre escoge a sus jugadores para no perder, pero jamás apuesta más de 20 dólares. “Nunca 30 porque después hay pelea”, comenta como broma. Quiere que se lo recuerde como un hombre bueno, que se preocupó por los policías excluidos y que tiene su oficina abierta para resolver cualquier inquietud, porque a más de ser un caballero de la paz es un policía amigo de policías. Redacción O. R. /Quito.

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