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Tragedia del 16 de abril unió corazones nacionales y extranjeros en un solo sentir

Manabí. Emmanuel Silvestre, oriundo de República Dominicana, vino a Ecuador en busca de trabajo y mejorar sus condiciones de vida para garantizar la educación, salud y demás necesidades de sus dos hijas que viven en su país. En esta ciudad manabita encontró trabajo como chef del hotel Bambú desde hace 10 meses. El día del desastre en la zona costera se encontraba recibiendo a unos clientes cuando el movimiento telúrico lo tomó por sorpresa.

Junto a él recorrimos las calles de Canoa y lugares específicos donde hizo sus rescates. Mientras caminamos relata que la tarde y noche de la tragedia, pese al aturdimiento por el fuerte movimiento y la caída de cuadros, lámparas, paredes y demás objetos, salió del lugar a salvo. En la calle escuchaba los gritos desesperados de auxilio y tsunami que le hacían perder el control. En ese momento, Silvestre asegura que «la fuerza de mis dos hijas y de Dios me tranquilizaron e impulsaron a salvar vidas como sea. De entre los escombros de las casas y hoteles colapsados, los gritos de las personas atrapadas me apuraban. Con ayuda de una gata hidráulica y mis manos logré levantar pedazos de concreto y rescatar  hombres y mujeres con vida”, comenta.

Con tristeza describe que lo más doloroso que tuvo que afrontar en casi todos los rescates fue el retirar de entre los escombros los cadáveres de varios niños y adultos aplastados o partes de sus cuerpos para sacar a las personas que se encontraban vivas.

Una de las frases que recuerda Silvestre al sacar a una de las sobrevivientes de las estructuras es la de «gracias por no dejarme morir» y «gracias a ti vuelvo a vivir». 

Su oportuno rescate le hizo ganarse la gratitud y reconocimiento no solo de las familias de los rescatados, sino de todo el pueblo en Canoa. No se siente un héroe, ni mucho menos un ser extraordinario, al contrario dice ser parte de los cientos de ciudadanos que en el momento de la tragedia buscaba salvar una vida.

Una medalla de la Virgen de Guadalupe que la regaló su novia cuelga de su cuello, para que lo cuide y proteja. A la mañana siguiente casi la totalidad de las personas habían salido de la ciudad. Él decidió quedarse en el hotel y cocinar para más de 300 damnificados que buscaban alimento para sus  familias.

Alrededor de siete personas rescató Silvestre, de las cuales cinco eran extranjeras y dos locales. De todos ellos, al único que localizamos fue a Walter Yánez, padre de familia de una niña, quien agradece a Emmanuel el regresar a la vida, ya que lo sacó debajo de una loza que atrapó sus piernas y «si no hubiera estado de seguro moría atrapado porque ya no sentía mis extremidades», agrega.

Lo recibe en la puerta de su casa con un cariñoso abrazo y le asegura que desde ese día es parte de su familia, que su vivienda cuando necesite es suya también y cuando no tenga alimento o abrigo estará allí para brindarle atención y cuidados.

Otros de los habitantes de la comunidad que aportó en salvar vidas cuando sucedió la tragedia fueron Brandon Valencia, colombiano, instructor de parapente y el quiteño Jorge Ordoñez, artista, quienes acompañaron a Silvestre en las labores de búsqueda y rescate en Canoa. Para sus habitantes es un honor que vivan en la comunidad ya que desde ese día se convirtieron en los foráneos salvavidas del pueblo. Redacción A. R. /Quito.