La fortaleza de la mujer policía destacó en el terremoto de Manabí
Quito. Las provincias de Manabí y Esmeraldas soportaron, el pasado 16 de abril del 2016, un terremoto de magnitud 7.8, que destruyó viviendas y se perdieron valiosas vidas humanas. Muchas historias de valor y coraje se escribieron entre las ruinas de las casas y edificios de los sobrevivientes, pero que pasó con los voluntarios, rescatistas, médicos y policías que intervinieron en la reconstrucción.
La Policía Nacional, Fuerzas Armadas y Cuerpo de Bomberos fueron las primeras instituciones en enviar personal, para que diera el apoyo a los damnificados de este evento natural. Los uniformados activaron todo su contingente, donde se destacaron los aspirantes y cadetes de tercero y cuarto año de la Escuela Superior de Policía Gral. Alberto Enríquez Gallo. El 17 de abril del 2016 a las 03h00 salió el primer grupo de 860: 110 mujeres, al mando de un oficial superior y 21 oficiales subalternos. Partieron hacia la zona cero comprendida por Pedernales, Manta y Portoviejo.
Los uniformados desconocían las funciones que tendrían que desempeñar, pero se apoyaron en los conocimientos adquiridos en las aulas de clases. Las primeras jornadas eran agotadoras. Se dispuso guardias de patrullaje en parques, cementerios y calles para resguardar la seguridad de los más vulnerables, como niños, ancianos y mujeres.
Los cadetes, durante 16 días, vivieron jornadas extensas, sin tiempo para alimentarse. El movimiento telúrico puso a prueba los conocimientos, aptitudes y destrezas de los cadetes. Cada uno buscó la forma de realizar su trabajo con más empeño y con la única gratificación del deber cumplido
El objetivo era cuidar que la delincuencia no se aproveche de la situación, señaló Belén Salazar, cadete del tercer año. “Los rostros asustados de los niños, que nos abrazaban buscando seguridad en nosotros es algo que marcó mi vida y forjó mi carácter” expresó la estudiante.
En tanto que, Mayra García, cadete del tercer año, señaló que durante estos días se le asignó el cuidado y protección de los animalitos, junto a voluntarios de la Fundación Peluditos de Cuenca. Adquirió conocimientos médicos básicos. Días después fue reasignada a los albergues en coordinación de Paquito Policía. Recordó que lo mejor fue mirar los rostros sonrientes de los niños. Era como sacarlos por un momento de la tragedia
“En la escuela nos capacitan para situaciones difíciles, sin embargo mirar filas de cadáveres, cuerpos de familias entrelazados, cuerpos destrozados, son cosas que impactan en la vida de todas las personas. Sin duda los conocimientos nos ayudaron para afrontar de mejor manera la situación y destacar nuestras virtudes, recordó Karla Freire, cadete de segundo año.
Las historias fueron innumerables. Cadetes y policías trabajaban para resguardar a los más vulnerables. Las mujeres cadetes entregaron su fortaleza, voluntad y cariño a los habitantes de la zona.
Cuando retornaron a Quito, a la Escuela Superior, hubo grupos de psicólogas que les dieron soporte para superar las experiencias vividas. J.T/Redacción Quito
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